Sentado en la banca de un parque descansando encontramos a don Manuel, quien nos comenta que tuvo que migrar a la ciudad por cuestiones económicas y la educación de sus hijos. Nos cuenta que cuando vivía en el campo su vida era mucho más sana y tranquila, porque respiraba aire puro e incluso tomaba agua directamente del río. Pero lamentablemente en la ciudad en la que hoy vive no sucede lo mismo, ya que el aire está muy contaminado debido a la emanación de residuos tóxicos que desprenden especialmente las fábricas y también el parque automotor.
Desafortunadamente esto no sucede solo en nuestro país sino también y en mayor escala en los países industrializados que no hacen nada o casi nada por remediar esta situación, y esto ha causado que mucha gente contraiga enfermedades que no son fáciles de tratar e incluso en algunos casos nos leva hasta la muerte.
Con tristeza y resignación don Manuel espera que en algún momento la gente haga conciencia de que lo únicos afectados por la contaminación ambiental somos nosotros mismos y si no hacemos algo para contrarrestarla las futuras generaciones vivirán en un mundo destruido.
Lissette Maruri Torres.
lialmato@hotmail.com
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